El Optalidón fue durante muchos años en esa España franquista donde había que trabajar mucho y ganar poco dinero, la droga de los pobres, la droga legal que se tomaban las mujeres aburridas en su casa con maridos que no venían más que a dormir o a otra cosa, y los hombres que no lograban dominar sus vidas por su excesivo trabajo y sus muchas ganas de no estar en eso que nunca se llamó esclavismo.
Servía las pastillas para el dolor de cabeza, pero sobre todo servía para “espabilar” para “ponerte” ligeramente pues era como la gasolina obligatoria de media tarde. Una pastillita naranja (o dos) hacían milagros para aguantar el cansancio sin que le cabeza se cabreara. Eso sí, todos los días, pues era adictiva.
Creo que llevaba algo de anfetaminas y barbitúricos, era legal y se vendía en farmacias sin receta, y se retiró del mercado en 1983 o se le cambió la mezcla hasta dejarlo en una cosa totalmente diferente, excepto por el color de las pastillas.
Esta entrada se la dedico a mi oficial Salvador Pizarro, un compañero de trabajo que necesitaba todos las tardes su ración de Optalidón, con el que cogía fuerzas para seguir en el trabajo.
Esta entrada se la dedico a mi oficial Salvador Pizarro, un compañero de trabajo que necesitaba todos las tardes su ración de Optalidón, con el que cogía fuerzas para seguir en el trabajo.
La única diferencia según el día, era entre tomarse una o dos pastillas. O incluso tres si el día venía cabrón.
