7.2.20

Un fascista de la Triple A en la cárcel por Atocha

Carlos García Juliá coautor de la matanza de Atocha ha ingresado hoy de nuevo en la cárcel, en este caso en la de de Soto del Real tras ser extraditado desde Brasil donde estaba escapado de la justicia española. Le restan por cumplir 3.855 días de pena de los 193 años de condena a los que fue condenado. 

Como podemos ver, las condenas en España son raras y curiosas, tras matar a cinco abogados de CCOO en Atocha hace 43 años y siendo un falangista de la Triple A que buscaba doblegar la democracia en España asesinando a conocidos militantes cercanos al PC para provocar reacciones violentas, fue condenado a mucho, para no cumplir casi nada.

Carlos García Juliá fue localizado en Brasil a finales del año 2018 cuando por una orden de busca y captura de Interpol sus huellas dactilares coincidieron con las archivadas en Brasil a nombre de un venezolano. El madrileño llevaba muchos años viviendo con el nombre de Genaro Antonio Materán (y otros cuando salía de Brasil), suplantando la identidad de otra persona con documentos auténticos. Ni siquiera su pareja conocía la verdad.

A Carlos García Juliá se le perdió la pista en el año 1994, cuando desapareció de Paraguay, adonde se trasladó en libertad condicional con permiso del juez penitenciario español tras haber cumplido solo 14 años de condena

El otro asesino de Atocha, José Fernández Cerrá, cumplió una breve pena y hoy se cree que trabaja en una empresa de seguridad. El tercer ultra, Fernando Lerdo de Tejada, que se quedó a vigilar la puerta del despacho de los abogados, está prófugo desde que también escapó durante un permiso penitenciario.

Los terroristas llamaron al timbre del piso de Atocha 55 sobre las 22:40 del 24 de enero de 1977. Según parece sin confirmar solo iban en busca del dirigente comunista Joaquín Navarro, secretario general del Sindicato de Transportes de CCOO en Madrid, convocante de unas huelgas anteriores que habían intentado desarticular la que se conocía como mafia franquista del transporte.

Al no encontrar a Joaquín Navarro pues había salido un poco antes, decidieron matar a los presentes. Eran dos jóvenes con armas de fuego con quienes iba una tercera persona, encargada de cortar los cables del teléfono y registrar los despachos. Esa misma noche, varios individuos asaltaron también un despacho del sindicato UGT en la calle Fernando VI de Madrid, que se hallaba vacío.

Como consecuencia de los disparos resultaron muertos los abogados laboralistas Enrique Valdelvira Ibáñez, Luis Javier Benavides Orgaz y Francisco Javier Sauquillo; el estudiante de derecho Serafín Holgado; y el administrativo Ángel Rodríguez Leal. Resultaron gravemente heridos Miguel Sarabia Gil, Alejandro Ruiz-Huerta Carbonell, Luis Ramos Pardo y Lola González Ruiz, casada con Sauquillo.

Una de las abogadas del bufete, Manuela Carmena exalcaldesa de Madrid, logró evitar el atentado porque Luis Javier Benavides le había pedido usar su despacho para una reunión, así que se marchó a otro bufete situado a dos manzanas de distancia en la misma calle.​

Aquel atentado contó con la ayuda logística de grupos fascistas italianos, algunos de ellos claramente relacionados con la CIA americana. De hecho, además de las armas que en aquellos tiempos eran fáciles de conseguir entre las tripas del submundo policial de Madrid, tenían también ayuda en documentación falsa. 

De hecho Carlos García Juliá ha ido moviéndose en estos años de huída de la justicia española entre Brasil, Chile, Bolivia, Argentina y Venezuela al menos, con diversas documentaciones e identidades falsas.

Claramente aquel atentado contra la libertad fue auspiciado por la entonces llamada Triple AAA (Alianza Apostólica Anticomunista) con amplia ayuda externa para luego huir y buscó sembrar el terror entre la izquierda española que se estaba iniciando a organizar tras la muerte del dictador, pues al atentado contra CCOO se intentó como he comentado otro el mismo día contra UGT. 

Bandolerismo sindical del fascismo más mafioso, que con ayudas de poderes potentes intentaron tumbar la incipiente democracia española.