16.6.26

Aquel refugio de la guerra civil en Zaragoza


Los niños mayores adoramos las cuevas. Debe ser como querer descubrir el vientre materno, la vida, lo oscuro y escondido. Mi primer cueva fue un refugio de la guerra civil que estaba enterrado en la zona de Montemolín en Zaragoza.

Los vecinos mayores lo recordaban como un agujero, más que como una cueva o un sótano, más como un pasillo debajo de un campo, que como un refugio de verdad. Y decidimos buscarlo tras haber escuchado historietas, en lo que hoy son unos jardines junto a la entrada de un Ambulatorio de Salud de zona.

Aquel solar era público y estaba sin vallar, llenos de escombros y de maleza. Pero el hueco de entrada al fin del mundo se mantenía aparente, pues era la zona en donde las hierbas eran más profundas y altas, como si nadie nunca las hubiera querido segar. Y efectivamente, tuvimos que desbrozar aquella zona. Tendríamos unos 13 años de edad.

Al fondo de los arbustos, entre el suelo de aproximadamente un metro de profundidad sobre el nivel del campo se adivinaba una posible entrada a la tierra. Era como buscar el fondo del mar, del campo, del barrio. Era intentar adentrarnos a un lugar oscuro en donde nadie de los presentes había entrada nunca.

Limpiar aquello no llevó unos días, pero había que limpiarlo poco, sin miramiento en hacerlo bien, sin que se notara que estábamos buscando una entrada, un espacio, un lugar. Hablo del año 1969 posiblemente, es decir, por entonces la policía era de otra manera, y mucho menos capaz de entender de solares vacíos de barrio. Los niños jugábamos en la calle. Todavía.

La entrada al abrirla era diminuta, de unos 40 centímetros de altura pues los escombros habían tapiado todo aquello. Ladrillos, enrona, basuras, cascotes sin color, hierbas, y una pequeña abertura que parecía llevar al fin del mundo. Había que adentrarse por ella, pues era imposible limpiar los escombros para hacer más hueco.

Entramos tumbados sobre el suelo, arrastrándonos por las piedras y ruinas, buscando adentrarnos sobre lo muy oscuro, sin saber si realmente aquello no sería ya, con toda seguridad, el fin del mundo zaragozano.

Una mala linterna nos alumbraba. La del Jesús, Al primero que entraba más que al segundo que solo iba a rebufo, arrastrándose por detrás de los pies del primero. Yo iba el primero. No por valentía, muy posiblemente por ser el más tonto de los dos.

Tras pasar la entrada de menos de medio metros de hueco en altura, bajando desde ese espacio estrecho y por el que solo podían entrar críos delgados con ganas de jugar con el peligro, penetramos en una sala llena de mierdas secas llenas de polvo, de más escombros, pero al menos con un metro de altura. No había escaleras, o no las percibimos, o no las recuerdo casi 60 años después. Había ganas de conquistar el mundo subterráneo. Eran nervios por encontrarnos con el más allá histórico.

El atasco estaba en la entrada, dentro no parecía que hubiera ni ratas. O se acojonaron más que nosotros. No las detectamos, pero sabíamos que podrían salir a recibirnos. Éramos avispados cazadores de serpientes de acequia, de sapos y lagartijas, de roedores pequeños o topillos. Y habíamos hablado de que podrían salir, para lo cual íbamos muy preparados. La defensa era gritar más fuerte que ellas, para asustarlas.

Debía ser invierno, por lo que os voy a contar luego. El caso es que esperábamos encontrarnos una imagen guerrera, un congelador de los tiempos de la guerra civil, una biblioteca sin libros pero de otros tiempos. Y lo que encontramos fue mucha guarrería. En aquella habitación de posiblemente no más de unos veinte metros cuadrados según la memoria que conservo, solo había mierda. No encontramos balas ni ropas, muebles ni papeles, y decidimos salir a los pocos minutos.

Ya de vueltas en la calle, levantados y no tumbados, vino el desastre. Yo llevaba una gabardina corta, tipo tres cuartos de color claro, y mi amigo ya en la calle me avisó estrepitosamente. Toda mi espalda estaba negra de humo. Pero negra de verdad, no gris. ¡¡Uff!! Y enseguida intentamos restregar la tela sintética, agitar, soplar, para intentar disimular el desastre. No fue posible.

Aquella entrada estaba profundamente quemada, llena de humo en sus techos por los que nos arrastramos, y nos había destrozado el color de las prendas. Las de Jesús, que era mi amigo no tanto, pues llevaba jersey gordo azul marino, pero mi gabán de color claro era para delatarme sin excusas. ¿Y cómo le contaba yo a la Pilar? ¿qué explicación buscaba ante aquel desastre? La Pilar era mi madre.

No podía decirle en donde me había metido, pues era peor. Más miedo para ella, que se pensaba que su hijo mayor era serio y responsable. Incapaz de ponerse en peligro. Así que con 13 años opté por el camino de en medio. Le dije que me la había dejado en el colegio, y que cuando había vuelto me lo habían robado. El pelo, la cabeza me olía a fogata, a sardinas asadas y frías, a asco. Yo creo que por la cabeza, mi madre sospechó que le estaba mintiendo.

Nunca más volvimos, y con los años, cuando pasamos por ese lugar siempre lo miro y me pregunto si todavía estará debajo del suelo aquel hueco negro o si ya lo habrán resuelto al hacer los edificios que rodean los jardines actuales. Seguramente eso. 

15.6.26

De verdad habrá paz entre los EEUU e Irán?


Hablo aquí de Historia, de hechos que ya han pasado, y los traigo al recuerdo. Pequeños detalles de esa historia que todos más o menos hemos vivido o ha ido dejando huella en el pequeño mundo. Todo deja huella.

Pero hoy quiero comentar algo del presente, un detalle que podría ser historia o simplemente otra tontería de un Donald Trump que se mueve a golpes de ignorancia política y de nervioso comportamiento de un preescolar. 

Podría ser que este próximo viernes se firmada una PAZ anunciada ayer. Depende de los EEUU, de Irán y sobre todo de un Israel alocado e imbécil, capaz de joder todo tipo de acuerdos, simplemente atacando constantemente a Líbano.

Alcanzar la PAZ nunca es sencillo. Es mucho más fácil comenzar una guerra. Nunca debería haber comenzado esta guerra asimétrica en todos los aspectos entre los EEUU e Irán. No será nada sencillo construir un nuevo Orden Internacional, pues se han roto excesivos puentes de diálogo entre los países importantes del mundo. Pero esto es un empezar en la buena dirección. Tendremos que estar atentos.

30.4.26

Anuncio de un restaurante


Este anuncio es de un restaurante de Benidom, salió en prensa en el año 1970, y recogido por la muy importante revista de entonces, Triunfo, en su sección de curiosidades de la España de entonces, llamada Celtiberia Show y creada por Luis Carandell

El texto del anuncio no tiene desperdicio, es maravilloso. No es humor es realidad de aquella publicidad, que en una localidad que crecía con el turismo, quería hacer competencia para atraer turistas. Aunque ya advertían de que no hablaban francés.

14.4.26

Consuma productos aragoneses. Vote DCA

Hagamos poco a poco un repaso a las diversas candidaturas que se presentaron en Aragón a las primeras Elecciones Generales de España, celebradas el 15 de junio de 1977, apenas año y medio después de la muerte del Dictador Franco. 

Una de las características de esas elecciones, quizá por su carácter fundacional de la Transición, fue la presencia de numerosas opciones políticas que se disiparon (desaparecieron pues la política necesita muchos dineros) a los pocos meses. 

No había precedentes válidos ni estimaciones sobre cómo se podía comportar la población tras haber sufrido 40 años de dictadura. Por ello, ideas que parecían buenas, resultaron no serlo, o al menos, no siendo apoyadas.

La nueva España de la Transición era demócrata cristiana pero ninguna formación con estas siglas obtuvo buenos resultados. Tal vez motivado por los largos años de convivencia entre la Iglesia y la Dictadura. 

O por el tirón mediático del que se alzó con el poder, un joven Adolfo Suárez apoyado entre otros por los poderes económicos de aquellos años.

Como ejemplo positivo para Aragón —y os dejo una pegatina de esta formación— la Democracia Cristiana Aragonesa presentaba en su membrete de organización ser exclusivamente aragonesa, defendiendo una ideología homologada a nivel europeo, y conformada por profesionales, acaudalados empresarios y prestigiosos profesores, como su líder José Luis Lacasta Bermejo, catedrático de Derecho Civil en la Universidad de Zaragoza.

Aunque los resultados no fueron insignificantes dado el elevado número de candidaturas presentadas por Zaragoza, no alcanzaron los resultados mínimos previstos por ellos y se desistió continuar el proyecto. 

La DCA duró como partido político pocos meses pues se legalizó en el mes de marzo de 1977 para poderse presentar a las elecciones, aunque ya existía como organización desde el año 1976.

En la primavera de ese año se constituyó la Alianza Democrática Aragonesa, formadas por los grupos: Democracia Cristiana Aragonesa, de Lacruz Berdejo, Izquierda Democrática, de Ruiz-Giménez y la Federación Popular Democrática, de Gil-Robles.

Su ideología fue presentada en aquel 1976 como una agrupación política que busca el integrismo, el inmovilismo y el nuevo falangismo por un lado, y la democracia marxista por el otro. 

Como podemos ver en estas palabras, parecen imposible de entender excepto si somos capaces de irnos mentalmente al año 1976 y a una sociedad que salía de 40 años de dictadura.

Eran partidarios de la reforma política, sin llegar al marxismo pero defendiendo la legalización del PCE, y a la hora de su constitución han excluido a personas nacidas al abrigo del Movimiento y sitúan su margen en la UDE. Federalistas y no centralistas, intentaron que Aragón tuviera unas opciones Demócratas Cristianas propias.

La candidatura al Congreso en Zaragoza obtuvo un 1,38 % de los votos, siendo superada ampliamente por la Unión del Centro Democrático (UCD) y por la candidatura independiente creada por Hipólito Gómez de las Roces.

Los resultados de las candidaturas al Senado en Teruel y Zaragoza tampoco fueron relevantes. Ello llevó a la organización política Democracia Cristiana Aragonesa a se disolviera a los pocos meses, integrándose algunos de sus miembros en la entonces creciente UCD que abría sus puertas a pequeñas formaciones conservadoras que deseaban continuar con el trabajo político desde la democracia y organizadas alrededor de una formación fuerte y con implantación en todo el Estado. 

Aragón se volvió a quedar sin representante político propio en un segmento ideológico que ocupó el poder y la gestión de España de la mano de Adolfo Suárez unos largos años.

Nota.: La imagen pertenece al Archivo Tiempos de Lucha y Esperanza y en el texto ha colaborado Manuel Gálvez

12.4.26

Incluso en la Transición, si eras diferente, eras peligroso

Si algo marcaba la normalidad en los primeros años de la Transición era la anormalidad. Para el Franquismo, todo lo que sonara a diferente era problemático y había que controlarlo y a ser posible detenerlo. 

Aunque fuera una diferencia de lo más simple.

En la manifestaciones, como era imposible detener a todo el mundo y no se conocía a los que las organizaban pues aunque tenían a policías infiltrados, los conocíamos a casi todos, el grito para detener a alguien era de lo más simple.

—A ese, al del jersey de rojo

Llevar jersey rojo a las manifestaciones era de novatos o de muy chulos. Lo normal es que acabaran dándote más hostias que a ningún otro, simplemente por llevar un color determinado como vestimenta simple.

Esta viñeta del genial Quino, también marca la diferencia de esa normalidad.




Los españoles con garrotes, pedían entrar en Europa


Las negociaciones de adhesión plena de España a la CEE comenzaron en 1979, concretamente el 5 de febrero de 1979 en Bruselas. Pero es cierto que desde los años 60 del siglo XX ya hubo unos primeros intentos muy lentos, pero europa no reconocía al gobierno de la dictadura de España, como un interlocutor válido.

Antes de 1979 ya hubo contactos y negociaciones de tipo económico. En 1962 España pidió abrir conversaciones, y luego se avanzó hacia el Acuerdo económico y comercial que fueraPreferencial desde el año 1970.

Pero la negociación que llevó directamente a la entrada en la CEE empezó ya en la etapa democrática, en 1979.

En el año 1986 finalmente, España entró en la entonces CEE. Esta viñeta es de enero de 1970, y muestra el deseo de abrirnos para poder entrar en Europa, y nos reflejaba claramente como una sociedad violenta que iba con garrotes sobre el hombre, marcando claramente cual era el obstáculo para poder entrar.

Eran años en los que cualquier intento de abrirnos por ejemplo hacia Rusia a través de la música y de algunos cantantes, o de fútbol o el deporte, eran considerados los primeros pasos para que se admitiera la Dictadura que había en España.

8.4.26

Optalidón: ¿Una droga para pobres?

El Optalidón fue durante muchos años en esa España franquista donde había que trabajar mucho y ganar poco dinero, la droga de los pobres, la droga legal que se tomaban las mujeres aburridas en su casa con maridos que no venían más que a dormir o a otra cosa, y los hombres que no lograban dominar sus vidas por su excesivo trabajo y sus muchas ganas de no estar en eso que nunca se llamó esclavismo.

Servía las pastillas para el dolor de cabeza, pero sobre todo servía para “espabilar” para “ponerte” ligeramente pues era como la gasolina obligatoria de media tarde. Una pastillita naranja (o dos) hacían milagros para aguantar el cansancio sin que le cabeza se cabreara. Eso sí, todos los días, pues era adictiva.

Creo que llevaba algo de anfetaminas y barbitúricos, era legal y se vendía en farmacias sin receta, y se retiró del mercado en 1983 o se le cambió la mezcla hasta dejarlo en una cosa totalmente diferente, excepto por el color de las pastillas. 

Esta entrada se la dedico a mi oficial Salvador Pizarro, un compañero de trabajo que necesitaba todos las tardes su ración de Optalidón, con el que cogía fuerzas para seguir en el trabajo. 

La única diferencia según el día, era entre tomarse una o dos pastillas. O incluso tres si el día venía cabrón.