Ahora que en España hemos (han) vuelto a ocupar las plazas de España por el problema de la vivienda, en un 2026 irregular y lleno de incertidumbres, podemos repasar algo del proceso similar y anterior en el año 2011, el llamado 15M.
El 15M fue históricamente mucho más que unas acampadas en plazas importantes de las ciudades españolas. Fue la expresión visible de una crisis de confianza en la forma en que estaba funcionando la democracia española durante la Gran Recesión que ya atacaba, con un desempleo sobre todo juvenil muy elevado, una clara precariedad juvenil para emanciparse de sus padres, desahucios, corrupción, rescates financieros y una percepción creciente de distancia entre ciudadanía, partidos e instituciones. ¿Notáis mucha diferencia con el 2026?
Surgió el acampar en la Puerta del Sol de Madrid tras las manifestaciones del 15 de mayo de 2011 convocadas por Democracia Real Ya y desembocó inmediatamente en las acampadas de numerosas plazas españolas.
Una de sus consecuencias más claras fue cambiar la conversación pública. Conceptos como representación política, corrupción, desahucios, precariedad, participación ciudadana, privilegios de las élites y relación entre bancos y poder político adquirieron una centralidad que no tenían con la misma intensidad antes de 2011. Y no solo entre los jóvenes, sino en toda la sociedad española, bien estuvieran a favor o en contra.
Se normalizó la protesta pacífica como una forma legítima de participación política. El 15M como uno de esos acontecimientos en España que contribuyeron a incorporar la protesta callejera al repertorio habitual de participación ciudadana; según el estudio 2920 del CIS, alrededor del 11 % de los encuestados declaraba haber participado en movilizaciones del 15M a finales de 2011.
También introdujo una forma diferente de organizar la protesta. No había una dirección nacional, un secretario general ni una estructura jerárquica tradicional. Las decisiones se discutían en asambleas, las redes sociales tenían un papel fundamental y se reivindicaban fórmulas de democracia más directa y deliberativa. Esa cultura organizativa influyó posteriormente en nuevas organizaciones políticas y plataformas municipales, aunque al pasar de la movilización a las instituciones aparecieron importantes tensiones entre horizontalidad y dirección centralizada.
Surge desde ese 15M el partido político Podemos y las diversas plataformas de carácter similar como ZEC o Comuns. No sería correcto decir que el 15M «creó» por sí solo Podemos o que acabó él solo con el bipartidismo, pero ayudó a que se conformaran otras formas de incidir en la política española. Y eso tal vez, fue su punto más importante, durante unos años.
La crisis económica, los casos de corrupción y otros factores fueron igualmente decisivos para que la sociedad se hartara. Pero existió una clara continuidad de activistas, ideas y formas organizativas entre el ciclo del 15M y algunas nuevas candidaturas de ciclos electorales posteriores. En las generales de 2015, PP y PSOE, que conjuntamente habían obtenido alrededor del 84 % de los votos en 2008, quedaron aproximadamente en el 51 %, mientras Podemos y Ciudadanos entraron con fuerza en el Congreso.
En el terreno social dejó además redes, asambleas de barrio, círculos y nuevos activistas. Confluyó con movimientos que ya existían, especialmente en materia de vivienda. Conviene distinguir aquí las fechas: la Plataforma de Afectados por la Hipoteca nació en 2009, dos años antes del 15M, de modo que no fue creada por éste. Pero después de 2011 ambos espacios se reforzaron mutuamente y la lucha contra los desahucios adquirió mucha mayor visibilidad. La PAH consiguió posteriormente influir en algunas reformas legales y municipales, aunque sólo una parte de sus reivindicaciones llegó a incorporarse a la legislación.
Donde aparecen más claramente sus límites es al comparar aquellos cambios sociales con las transformaciones institucionales que reclamaban muchos participantes. No se produjo la profunda reforma del sistema electoral que algunos sectores pedían, ni una transformación constitucional hacia las formas de democracia directa debatidas en las plazas.
Tampoco desaparecieron el poder de los grandes partidos, ni los problemas de corrupción, muy poco la precariedad laboral y esto sucedió algunos años después y siguieron creciendo los conflictos relacionados con la vivienda. Buena parte de las estructuras políticas y económicas criticadas en 2011 continuaron existiendo hasta este 2026 e incluso algunas de las que se crearon, fueron diluyéndose poco a poco. Veamos los casos de Ciudadanos y Podemos.
El propio funcionamiento horizontal tuvo también costes. Era relativamente sencillo reunir a personas muy diferentes, alrededor de consignas amplias —«Democracia real ya», «No nos representan»—, pero mucho más difícil convertir esa diversidad en un programa político detallado.
Cuando parte de aquel espacio social pasó a competir electoralmente, aparecieron necesariamente dirigentes, estructuras, disciplina organizativa y decisiones centralizadas. Estudios sobre Podemos han señalado precisamente que su organización se fue alejando de algunos de los modelos horizontales procedentes del 15M, generando tensiones con una parte de su base activista.
Aunque participaron personas de distintas edades y clases sociales, las investigaciones posteriores muestran que entre quienes participaron directamente estaban sobrerrepresentados los ciudadanos urbanos, con estudios, ciudadanos interesados por la política y situados ideológicamente a la izquierda respecto al conjunto de la población española, y jóvenes de entre 18 y 35 años. El movimiento fue amplio, pero no era una reproducción exacta de la sociedad española.
Visto con quince años de distancia, probablemente lo históricamente más importante del 15M no sea buscar una lista de leyes que consiguió aprobar. Su huella más fácilmente documentable está en otro terreno. Alteró la cultura política española, incorporó a mucha gente a la participación, modificó el lenguaje con el que se hablaba de la democracia y abrió un ciclo político que terminó transformando el sistema de partidos, aunque luego gran parte de estos hechos se fueron perdiendo. Al mismo tiempo, muchas de las transformaciones estructurales planteadas en las plazas quedaron sin realizar o sólo parcialmente desarrolladas.
El 15M tuvo mayor trascendencia como acontecimiento social, cultural y de apertura de un nuevo ciclo político que como programa concreto de reformas llevado directamente a las leyes. Y esto debe tenerse en cuenta ahora., en 2026, cuando se está intentando conformar un proceso muy similar. De los errores de entonces, se deba aprender.
Aquellos jóvenes tienen hoy 15 años más. Los de 18 años hoy son personas con 33 años y los de 35 años de edad hoy tienen ya 50 años. Son pues otra generación, y eso hay que tenerlo en cuenta a la hora de valorar los cambios, las diferencias entre ambos procesos.
Reducirlo a «éxito» o «fracaso» el 15M oculta bastante de lo que ocurrió durante y después.. Si observamos resultados concretos, hay aspectos en los que consiguió modificar profundamente la vida política y social española y otros en los que sus reivindicaciones apenas se materializaron. pero lo más triste es que 15 años después estamos en la misma casilla de salida, y con los mismos o más problemas, y las mismas dudas. Y los agentes sociales que deben resolver la actual situación…, son los mismos.
Julio Puente


