Hoy el digital eldiario.es nos habla de los 188 Campos de Concentración que hubo con la dictadura franquista. Un campo de concentración era para concentrar, para tener juntos a los que consideraban peligrosos aunque fueran niños. Y en Zaragoza también hubo para niños espacios para la reeducación de los hijos de los fusilados.
Esto lo escribo en memoria de Salvador, un compañero de trabajo en Artes Gráficas, que además de perder de niño a su padre por fusilamiento, tuvo que asistir obligado a campos de reeducación para que su madre pudiera tener cartillas de racionamiento.
Allí rezaban, cantaban brazo al alto el Cara al Sol, recibían clases falangistas y se les explicaba lo horrorosos que fueron sus padres. Todo lo compensaban con la religión manipulada.
De muy joven aquello continuó de vez en cuando, pues la adolescencia era mala para las recaídas y se les juntaba con hombres a los que se consideraba entonces desviados. Los falangistas de la plaza de España de Zaragoza hacían todo lo posible para que no se les escaparan las ideas a los hijos de los fusilados.
Como es lógico, Salvador fue siempre socialista, y según tengo entendido sus hijos también, que para eso eran nietos. Hoy estoy ya estarán jubilados. Salvador en 1970 ya tendría 40 años y fue oficial mío. Un hombre duro, como podemos imaginar tras recibir veneno tantos años.
