En las guerras, en todas, es muy habitual que el Arte sea uno más de los sufridores de las violencias. Pero muchas veces no tanto en forma de una destrucción por efecto de los bombardeos, como de robos y saqueos bien organizados, para luego vender las obras a mercados sin escrúpulos.
En La Haya, en el Museo Mauritshuis han abierto una exposición en 2025 para recordar los ochenta años de la liberación de Países Bajos del abuso de la Guerra. En la imagen vemos una fotografía de una sala de entonces, con los cuadros desmontados de sus marcos para guardarlos en lugares secretos, sabedores del expolio que se iba a producir en cuanto entraran tropas de otro países.
No hay ejércitos culpables o inocentes. Hay personas asquerosas, que dan la orden de robar o destruir.
Según nos cuenta El País: Fue el único museo neerlandés con un búnker a prueba de bombas, y su director de entonces, Wilhelm Martin, protegió la colección y a sus empleados a pesar de la insistencia de los nazis por la propaganda de exaltación nacional. El edificio sirvió además de escondite a un grupo de ciudadanos que evitaron así ser sometidos a trabajos forzados para el Tercer Reich.
Los nazis al considerar a Holanda un país amigo no entraron a saquear los museos, consideraban que tras la invasión, ya eran obras de Arte alemanas. Pero desde agosto de 1939 los cuadros fueron sacador y escondidos, por si las violencias no sabían respetar lo básico, como así fue en casi toda Europa.
Las pinturas eran catalogadas con papelitos en función de su valía para facilitar su posible evacuación, y esas marcas, unos triángulos, siguen grabadas en muchos casos en la parte de atrás de los marcos de los cuadros. El rojo era para las obras maestras. Blanco para las de gran importancia, y el azul para las que podían ser reemplazadas por otras en caso de desaparición. Otros museos neerlandeses hicieron algo parecido.
En este museo se encuentra la muy conocida obra: "La joven de la perla" de Johannes Vermeer.